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Descubre cómo utilizar la tabla de presión arterial y pulso para tu salud

Paciente midiendo su presión arterial y pulso para comprobar sus valores en la tabla de presión arterial.

Tiempo de lectura: 6 minutos

La tabla de presión arterial y pulso es una herramienta de referencia que permite interpretar las mediciones de tensión arterial según la edad y detectar si los valores se encuentran dentro de un rango saludable. En términos generales, una presión arterial normal en adultos se sitúa por debajo de 120/80 mmHg, aunque la presión sistólica puede mostrar valores más elevados con la edad por el endurecimiento natural de las arterias. Conocer estos rangos ayuda a identificar de forma temprana situaciones de riesgo como la hipertensión o la hipotensión. 

¿Qué es la presión arterial y el pulso?

La tensión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias cada vez que el corazón late. Según la Cleveland Clinic, este proceso ocurre entre 60 y 100 veces por minuto, de forma continua, y es el mecanismo que permite que el oxígeno y los nutrientes lleguen a todos los órganos y tejidos del cuerpo. 

Mujer midiendo su presión arterial.

La medición de la presión arterial se expresa siempre con dos números:

  • Presión sistólica (número superior): refleja la fuerza que ejerce la sangre cuando el corazón se contrae y bombea sangre hacia las arterias.
  • Presión diastólica (número inferior): mide la presión en las arterias cuando el corazón está en reposo entre latido y latido.
  • Ambos valores se expresan en milímetros de mercurio (mmHg) y se leen de forma conjunta, por ejemplo: 120/80 mmHg.
  • El resultado de esta lectura permite clasificar el estado de salud cardiovascular de una persona en diferentes categorías.

El pulso, por su parte, hace referencia al número de veces que el corazón late por minuto. En adultos sanos, el rango normal se sitúa entre 60 y 100 pulsaciones por minuto en reposo. En niños, los valores normales son más altos: entre 70 y 120 ppm en edad escolar (6-12 años) y entre 60 y 100 ppm en adolescentes. Estos rangos pueden variar en función de la edad, el estado físico y otros factores individuales, por lo que ante cualquier duda sobre los valores de un menor conviene consultarlo con su pediatra.

Ambas mediciones —presión arterial y pulso— son indicadores fundamentales de salud cardiovascular. La Cleveland Clinic señala que no es posible saber si los valores son correctos solo por cómo uno se encuentra: la única forma de conocerlos con certeza es medirlos con el equipo adecuado. Por eso, es recomendable revisar estas cifras al menos una vez al año, o con mayor frecuencia si así lo indica el médico.

Si quieres saber más sobre cómo mantener unos valores saludables, puedes consultar nuestra guía sobre cómo mejorar la circulación y su impacto en la salud cardiovascular. 

Tabla de presión arterial según la edad

Los valores de referencia de la tensión arterial no son iguales para todo el mundo. La edad es uno de los factores que más influye en los rangos considerados normales, ya que las arterias van perdiendo elasticidad con el paso de los años, lo que puede traducirse en cifras progresivamente más elevadas.

Según la Mayo Clinic, los rangos establecidos por el American College of Cardiology y la American Heart Association clasifican la presión arterial en cuatro categorías generales para adultos. A continuación se presentan los valores de referencia organizados por grupos de edad:

Grupo de edadPresión sistólica (mmHg)Presión diastólica (mmHg)Valoración
Niños (6-12 años)100-11960-79Normal
Adolescentes (13-18 años)110-12065-80Normal
Adultos jóvenes (19-40 años)Por debajo de 120Por debajo de 80Normal
Adultos (41-60 años)Por debajo de 130Por debajo de 80Normal
Mayores de 60 añosPor debajo de 140Por debajo de 80Normal con seguimiento médico

Es importante tener en cuenta que estos rangos son orientativos para los valores sistólicos, que sí tienden a aumentar con la edad por el endurecimiento natural de las arterias. Sin embargo, el umbral diagnóstico de la presión diastólica se mantiene en menos de 80 mmHg independientemente de la edad, según las guías de la ACC/AHA y la ESC/ESH. Un valor diastólico por encima de ese límite requiere valoración médica en cualquier grupo de edad. La Mayo Clinic advierte que, si los valores sistólico y diastólico caen en categorías distintas, siempre se toma como referencia la categoría más alta para determinar el nivel de riesgo real.

En el caso de los niños y adolescentes, los rangos pueden ser significativamente más bajos que los de los adultos. Si tienes dudas sobre los valores de tu hijo o hija, lo más recomendable es consultarlo con su pediatra, quien podrá interpretar las cifras en función de su edad, peso y talla de forma personalizada.

En personas mayores, es habitual que la presión sistólica tienda a subir con la edad debido al endurecimiento natural de las arterias. Aun así, esto no significa que valores elevados deban aceptarse sin seguimiento: cualquier cifra por encima de los rangos normales requiere valoración médica, independientemente de la edad.

Si sospechas que tus cifras podrían estar elevadas, puedes leer más sobre cómo bajar la presión arterial con hábitos saludables y bajo supervisión médica. 

Cómo medir la presión arterial y el pulso

Conocer tus cifras de tensión arterial empieza por medirlas correctamente. Según la Cleveland Clinic, para obtener una lectura fiable conviene evitar fumar, hacer ejercicio o tomar cafeína en los 30 minutos previos, permanecer sentado en silencio durante al menos cinco minutos antes de comenzar y apoyar el brazo sobre una superficie plana a la altura del corazón, con la espalda recta y los pies apoyados en el suelo. 

Mujer adulta midiendo su presión arterial.

La primera vez que se toma la presión arterial, se recomienda medirla en ambos brazos para detectar posibles diferencias; a partir de entonces, se utilizará siempre el que haya arrojado el valor más alto. En casa, el dispositivo más recomendado por los profesionales sanitarios es el tensiómetro de brazo automático, por su sencillez y fiabilidad. Los tensiómetros de muñeca también son una opción válida, aunque pueden ofrecer lecturas menos precisas si no se colocan correctamente a la altura del corazón.

Si el estrés forma parte de tu día a día, ten en cuenta que puede influir directamente en tus cifras. Puedes leer más sobre la relación entre tensión alta y estrés y cómo gestionarlo para proteger tu salud cardiovascular. Y recuerda: los dispositivos de automedición son una herramienta útil de seguimiento, pero no sustituyen la evaluación de un profesional médico. 

Valores normales y anormales de presión arterial

Según la Mayo Clinic, una presión arterial normal en adultos se sitúa por debajo de 120/80 mmHg. A partir de ahí, los valores se clasifican en distintas categorías: presión elevada (120-129/menos de 80 mmHg), hipertensión en estadio 1 (130-139/80-89 mmHg) e hipertensión en estadio 2 (140 o más/90 o más mmHg). En el extremo opuesto, la Cleveland Clinic considera hipotensión cualquier valor por debajo de 90/60 mmHg, una situación que también requiere atención médica porque puede causar mareos, fatiga o incluso pérdidas de conciencia. Si quieres profundizar en la prevención de las complicaciones asociadas a cifras elevadas, puedes consultar nuestro artículo sobre cómo prevenir un derrame cerebral.

Es importante recordar que un único valor alterado no es suficiente para establecer un diagnóstico. La hipertensión se confirma habitualmente con dos o más lecturas elevadas tomadas en visitas distintas. Si tus cifras se sitúan de forma repetida fuera del rango normal, lo más recomendable es acudir a tu médico para que valore tu situación de forma personalizada y, si es necesario, indique el tratamiento más adecuado. 

Tratamiento de la presión arterial

El abordaje de la hipertensión o la hipotensión depende siempre de la causa subyacente y de las características individuales de cada persona, por lo que el tratamiento debe ser prescrito y supervisado por un médico. En términos generales, los cambios en el estilo de vida son el primer paso recomendado: mantener una alimentación equilibrada, reducir el consumo de sal, hacer ejercicio de forma regular y gestionar el estrés son medidas que contribuyen de forma significativa al control de las cifras.

En algunos casos, el médico puede valorar la incorporación de medicación antihipertensiva. Si quieres saber qué alimentos pueden ayudarte a mantener una tensión saludable, puedes consultar nuestra guía sobre alimentos que bajan la tensión, y si te preocupa el riesgo cardiovascular asociado, te recomendamos leer también sobre cómo prevenir un ictus

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