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Descubre los diferentes tipos de placenta y su importancia en el embarazo

Médico explica qué es la placenta y para qué sirve

Tiempo de lectura: 8 minutos

La placenta constituye el órgano vascular vital para el sustento fetal, y su correcta categorización es esencial para el seguimiento obstétrico. Esta estructura puede clasificarse bajo diversos criterios taxonómicos: según su localización anatómica respecto al orificio cervical (distinguiendo entre placenta normoinserta y las variantes de placenta previa total, parcial o marginal) y su posición de implantación en la pared uterina (anterior, posterior o fúndica).

Desde una perspectiva histológica, la placenta humana se define como hemocorial, diferenciándose de otras arquitecturas presentes en mamíferos (epiteliocorial, sindesmocorial y endoteliocorial). Asimismo, reviste especial relevancia clínica la clasificación basada en el grado de invasión o profundidad de inserción en el miometrio, abarcando los espectros patológicos de placenta accreta, increta y percreta.

En este artículo se explica qué es la placenta, cuál es su función, cómo se clasifican los diferentes tipos de placentas, y cuáles son algunas de las patologías que la pueden afectar. Además, se brindan recomendaciones sobre el diagnóstico y los tratamientos disponibles para las complicaciones placentarias. 

¿Qué es la placenta y cuál es su función?

La placenta es un órgano temporal que se forma en el útero durante el embarazo, y según Cleveland Clinic, es fundamental para mantener al feto vivo y saludable hasta el momento del parto.

A través de sus tejidos, la placenta permite que el oxígeno y los nutrientes lleguen al feto, asegurando que pueda crecer y desarrollarse con normalidad. Al mismo tiempo, funciona como una barrera parcial que ayuda a mantener alejadas muchas sustancias dañinas y microorganismos, aunque no todos, lo que explica por qué ciertos factores externos pueden seguir afectando al embarazo.

Además, regula el equilibrio hormonal necesario para que la gestación avance sin interrupciones, produciendo hormonas clave que sostienen el embarazo y preparan el cuerpo de la madre para el nacimiento y la lactancia.

Otro aspecto importante de su función es la eliminación de desechos. Así como permite la entrada de oxígeno y nutrientes, también facilita que los productos de desecho generados por el desarrollo del bebé pasen hacia la sangre materna, donde pueden ser procesados y eliminados. Esto evita que se acumulen sustancias que podrían ser nocivas para el feto.

Para complementar, se recomienda leer el artículo en el que se habla sobre el embarazo y sus cuidados

Médico examina la salud de una embarazada

Clasificación de los tipos de placenta  

La clasificación de los tipos de placenta se basa en diferentes factores, como su posición, la forma en que se adhiere al útero, su forma, su tamaño e incluso su composición interna. Estas diferencias no solo influyen en el curso del embarazo, sino también en la manera en que se vigila la gestación y en las decisiones que se toman durante el control prenatal.

A continuación, se mencionan las clasificaciones que existen para los diferentes tipos de placenta:  

Clasificación según su localización e inserción

La ubicación de la placenta dentro del útero es un aspecto clave en el desarrollo del embarazo, y determina en gran medida la seguridad tanto del bebé como de la madre durante la gestación y el momento del parto.

La manera en que este órgano se inserta en el endometrio no es aleatoria: suele establecerse en zonas donde el flujo sanguíneo es más adecuado para sostener el crecimiento fetal. Sin embargo, en algunos embarazos la implantación ocurre más cerca del cuello uterino o en posiciones que requieren un control más estrecho.

Estos son los tipos de placenta según su localización e inserción:

  • Placenta normoinserta: implantación normal en fondo o caras laterales.
  • Placenta de baja implantación: situada cerca del cuello uterino (a menos de 2 cm) sin cubrirlo.
  • Placenta previa marginal: el borde placentario llega al margen del orificio cervical interno, pero no lo cubre.
  • Placenta previa parcial: cubre parcialmente el orificio cervical interno.
  • Placenta previa total: obstruye totalmente el orificio cervical interno.

Esta clasificación se basa en la relación entre la placenta y el orificio cervical interno. Gracias a las ecografías, estas variaciones pueden detectarse desde etapas relativamente tempranas, lo que permite realizar ajustes en el seguimiento clínico y ofrecer recomendaciones personalizadas.

En algunos casos, como el de la placenta previa o de baja implantación, el problema se suele corregir a lo largo del embarazo con el crecimiento del útero. Sin embargo, si persiste hasta el tercer trimestre, no es posible tener un parto natural y se requiere cesárea, según indica la Cleveland Clinic.

Clasificación según el grado de invasión (Acretismo placentario)

Según MedicineNet, existen algunas inserciones placentarias anormales, que pueden causar complicaciones durante el embarazo, y que se pueden detectar durante las ecografías de rutina.

Estas son algunas de ellas:

  • Placenta acreta (o adherente): adherencia anormal al miometrio sin invadirlo profundamente. Su incidencia ha aumentado significativamente en las últimas décadas, asociada al incremento de cesáreas previas y otras cirugías uterinas. Las estimaciones actuales varían según los factores de riesgo de cada embarazo, por lo que la cifra exacta debe consultarse con el especialista en cada caso.
  • Placenta increta: las vellosidades penetran en el espesor del miometrio. Según los especialistas, representa aproximadamente un 15% de todos los casos de inserciones placentarias anormales.
  • Placenta percreta: invasión total del miometrio, llegando a la serosa o a órganos vecinos. Es uno de los trastornos de este tipo menos frecuentes, y representa aproximadamente el 5% de todos los casos.

En conjunto, este tipo de alteraciones se agrupa bajo el término “acretismo placentario”, un problema que ha cobrado más relevancia en los últimos años debido al aumento de factores de riesgo como las cesáreas previas o ciertas cirugías uterinas. Lo que distingue a estas formas anormales de implantación es la profundidad con la que el tejido placentario se fija en la pared del útero, lo que puede complicar la separación natural de la placenta tras el nacimiento.

Identificar el grado de invasión no solo es esencial para entender la severidad del trastorno, sino también para planificar un manejo obstétrico seguro que reduzca riesgos tanto para la madre como para el bebé.

Variantes morfológicas y anomalías estructurales

Las variaciones en la forma y la estructura de la placenta también pueden influir en el curso del embarazo. En la mayoría de los casos, estas variantes se descubren durante una ecografía de rutina y no generan síntomas evidentes, por lo que suelen pasar inadvertidas para la embarazada.

Estas son algunas anomalías comunes:

  • Placenta bilobulada: dividida en dos lóbulos separados.
  • Placenta succenturiata: presencia de uno o más lóbulos accesorios conectados por vasos sanguíneos.
  • Placenta en raqueta: el cordón umbilical se inserta en el borde de la placenta en lugar de hacerlo en su centro. Es distinta de la inserción velamentosa, en la que el cordón se une a las membranas fuera del disco placentario, dejando los vasos sin la protección habitual del tejido placentario.
  • Placenta circunvalada: repliegue de las membranas fetales en la cara fetal.
  • Placenta fenestrada: falta de tejido en la zona central (aspecto de ventana).
  • Placenta difusa: vellosidades distribuidas por casi toda la superficie de las membranas.

Estas diferencias morfológicas se originan por variaciones en el desarrollo temprano de la placenta, que pueden influir en cómo se distribuyen los vasos, en la cantidad de tejido funcional o en la manera en que se insertan las membranas. Aunque varias de estas presentaciones son benignas y no afectan al bienestar del feto, otras pueden aumentar la probabilidad de complicaciones.

Una vez identificadas, estas anomalías estructurales suelen manejarse mediante ecografías adicionales que permitan verificar su estabilidad y evaluar si existe algún impacto sobre el desarrollo del bebé. En la mayoría de las gestaciones no se necesita un tratamiento específico, pero sí una observación cuidadosa para asegurarse de que no aparezcan complicaciones como hemorragias o alteraciones en el crecimiento.

Alteraciones por tamaño

Un artículo publicado en National Library of Medicine señala que la placenta, cuando es normal, tiene una forma redonda u ovalada, y mide cerca de 22 centímetros de diámetro y entre 2 y 2,5 centímetros de grosor. Sin embargo, se pueden presentar anomalías o alteraciones que hacen que tenga un tamaño mayor o menor.

  • Placenta grande (Placentomegalia): volumen excesivo, asociada a diabetes o infecciones.
  • Placentas pequeñas: insuficiencia de desarrollo, asociada a restricción de crecimiento.

En cualquiera de estos casos, es necesario mantener un estricto control médico, ya que pueden convertirse en indicadores tempranos de complicaciones obstétricas que afectan la salud fetal.

Patologías tisulares y degenerativas

A diferencia de otros tipos de variaciones, estas patologías suelen tener un impacto directo en el bienestar materno-fetal y pueden manifestarse con síntomas como sangrado, dolor o cambios en el crecimiento del bebé, aunque también pueden ser hallazgos silenciosos detectados en controles de rutina.

Estas son algunas de las más comunes:

  • Placenta calcificada o envejecida: depósitos de calcio indicativos de madurez o insuficiencia prematura.
  • Infarto de placenta o trombosis: áreas de tejido muerto por falta de riego sanguíneo.
  • Desprendimiento de placenta: Separación prematura de la placenta de la pared uterina.
  • Mola hidatiforme: crecimiento anormal de trofoblastos (enfermedad trofoblástica gestacional). A diferencia del resto de patologías placentarias, la mola hidatiforme y el coriocarcinoma son enfermedades trofoblásticas gestacionales con entidad clínica propia que requieren evaluación y seguimiento oncológico especializado.
  • Coriocarcinoma: tumor maligno derivado del tejido placentario, poco frecuente pero de manejo oncológico específico.  

Identificar estas patologías a tiempo puede hacer la diferencia, por lo que el control prenatal continuo resulta fundamental.  

Para complementar, se recomienda leer los artículos sobre los síntomas de cáncer de cuello uterino y sobre los beneficios de la lactancia materna.

Este artículo tiene un propósito exclusivamente educativo e informativo y no reemplaza la opinión de un profesional de la salud. Ante cualquier duda relacionada con la placenta o el desarrollo del embarazo, se recomienda consultar con el médico o especialista en obstetricia. 

Médico habla sobre tipos de placenta con mujer embarazada

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Diagnóstico y tratamiento de complicaciones placentarias

Las complicaciones placentarias pueden pasar inadvertidas en etapas iniciales o manifestarse mediante síntomas clínicos maternos como sangrado vaginal o dolor abdominal; o señales de compromiso fetal como problemas de crecimiento o disminución del movimiento.

Además del análisis de los síntomas, el médico puede solicitar pruebas de diagnóstico como:

  • Ecografías obstétricas.
  • Doppler materno-fetal.
  • Monitoreo fetal.
  • Resonancia magnética.
  • Análisis de laboratorio.

El tratamiento depende del tipo de complicación, la severidad del cuadro y la edad gestacional. En muchos casos se basa inicialmente en vigilancia estrecha, control ecográfico periódico y monitoreo fetal continuo. Cuando existe compromiso materno o fetal, puede ser necesaria la hospitalización, administración de corticoides para maduración pulmonar fetal, tratamiento de patologías asociadas y, de ser necesario, la interrupción programada o de urgencia del embarazo.

Para finalizar, se recomienda leer los artículos sobre los cuidados del recién nacido y sobre los cuidados de los bebés prematuros